El huerto de Getsemaní
El huerto de Getsemaní, situado en la falda del Monte Olivete, frente a la explanada del Templo, es, sin duda, uno de los lugares más venerados de la tierra.
Tiene la forma de un cuadrilátero irregular que mide unos cincuenta metros de lado, y está cercado de un gran muro; más, a lo que parece, en tiempos pasados tenía mayores dimensiones, particularmente en la dirección Norte–Sur.
En cuanto se penetra en él, llaman la atención ocho añosos olivos.
Están sostenidos por un murete, y cada uno de ellos tiene tres o cuatro troncos, separados unos de otros por un espacio bastante grande, porque han ido brotando en el transcurso del tiempo, apartándose cada vez más del tronco primitivo.
Su corteza es muy rugosa y resquebrajada, como cubierta de cicatrices o de las arrugas de la vejez.
Si estos olivos no son los mismos que presenciaron la agonía del Salvador (según Josefo, Tito mandó cortar todos los árboles de este lado de la ciudad), son por lo menos retoños de ellos... Desde luego han visto pasar varios siglos, y su aspecto contrasta singularmente con el de los vástagos que aún producen.
La tradición que sitúa en este lugar la agonía de Jesús, se remonta, cuando menos, hasta Constantino.