Conatos de defensa
Viendo, pues, los que con Él estaban, lo que ocurría, le preguntaron:
Señor: ¿herimos a cuchillo?
Viendo, pues, los que con Él estaban, lo que ocurría, le preguntaron:
Señor: ¿herimos a cuchillo?
Y sin esperar respuesta, uno de ellos, Simón Pedro, con su brío acostumbrado, desenvainó la espada, e hirieron a un siervo del príncipe de los sacerdotes, le cortó la oreja derecha.
Se llamaba el siervo Malco.
Basta, dijo Jesús.
Y dirigiéndose a Pedro : Vuelve tu espada a la vaina; porque todos los que se sirven de la espada, a espada morirán.
O ¿piensas que no puedo orar a mi Padre, y me daría ahora más de doce legiones de ángeles? Pero, el cáliz que me dio mi Padre ¿no lo he de beber? Y ¿cómo se cumplirán las Escrituras, según las cuales conviene que así suceda?
No quiso el Señor que sus enemigos tuvieran que echarle en cara el daño causado a un pobre hombre por sus discípulos ; y tocando la oreja del siervo, le sanó.